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RAGMENTOS DE NUEVOS ESTUDIOS:



Rosa Navarro Durán, "Lecturas en el Lazarillo y lectores del Lazarillo",
Actas del II Congreso Internacional de la Sociedad Española de Estudios Literarios de Cultura Popular (SELICUP), La Coruña, 2006, e. p.




Rosa Navarro Durán, "El Crotalón y las obras de Alfonso de Valdés",
Actas del Congreso Internacional "Retos del hispanismo en la Europa Central y del Este", Universidad Jaguelónica de Cracovia, Embajada de España en Polonia. Instituto Cervantes en Polonia, Cracovia, 14-15 de octubre de 2005




Ensayo para el SEMYR:
Rosa Navarro Durán, "El romance como historia; el romance y la canción
como referencia literaria: años 20-30 del siglo XVI",
Actas del IV Congreso Internacional de Lyra Minima (Salamanca, 20-23 de octubre de 2004), Salamanca, SEMYR, e. p.




Artículo para la revista Garoza:
Rosa Navarro Durán, "De jerigonzas, ratones y otros asuntos del Lazarillo de Tormes",
Garoza, nº 5 (septiembre, 2005), pp. 139-161




Artículo para la Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander, e. p.



Artículo para la Fundación Germà Colón:
"La literatura como espejo de la realidad", Les lletres hispàniques als segles XVI, XVII i XVIII, Tomàs Martínez Romero (ed.), Publicacions de la Universitat jaume i i Fundació Germà Colón, Castelló, 2005, pp. 129-151



Artículo para el Homenaje al profesor Francisco Márquez Villanueva


Artículo para Estudis Romànics (de próxima aparición)







    Rosa Navarro Durán, "Lazarillo de Tormes y la novela picaresca", en Mitos literarios españoles, José María Díez Borque (ed.), Real Academia Española en Roma, Madrid, 2004, pp. 45-61. DL M-22000-2004. ISBN 84-609-1093-8.

      [Breves fragmentos del artículo]:

      Los pícaros son universitarios y saben humanidades para que verosímilmente sepan retórica y puedan escribir el relato de su vida. Guzmán sí es el primer pícaro y así llamaron a su libro, como dice el propio personaje: "Esto propio le sucedió a este mi pobre libro, que habiéndolo intitulado Atalaya de la vida humana, dieron en llamarle Pícaro y no se conoce ya por otro nombre". Así figura ya en la aprobación de fray Diego Dávila, que llama a la obra Primera parte del pícaro Guzmán de Alfarache. Y Juan Martí o Mateo Luján de Sayavedra llamó a la segunda parte del personaje hurtado Segunda parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache; Mateo Alemán, en cambio, mantenía en la Segunda parte de la vida de Guzmán de Alfarache el subtítulo de Atalaya de la vida humana que se mencionaba en la licencia y privilegio del Rey a la primera edición.
       El pícaro es quien da lección de desengaño con su vida, y ella es el objetivo del relato. Mateo Alemán en la carta "al discreto lector" manifiesta la vinculación de su obra con el Lazarillo de Tormes al reproducir la cita de Plinio de su prólogo: "mas considerando no haber libro tan malo donde no se halle algo bueno", p. 110. Así figura en su modelo: "Y a este propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena"; Alfonso de Valdés había tomado la cita de otro prólogo, del de la Obra de agricultura de Gabriel Alonso de Herrera. Pero "las fortunas, peligros y adversidades" de Lázaro de Tormes, eran un trampantojo en el Lazarillo; las flechas de su aljaba iban dirigidas al cruel ciego rezador, al mezquino clérigo, al vanidoso y hambriento escudero, al lujurioso fraile de la Merced, al buldero estafador, al capellán explotador y al hipócrita clérigo amancebado que es el arcipreste de San Salvador: a los amos de Lázaro; y él es, en efecto, un mozo de muchos amos, como sus modelos: Pármeno, el criado de Calisto, o Rampín, el de la Lozana Andaluza. Los amos de Lázaro no sólo le dan su condición, porque desde el ciego al capellán definen su vida, sino que son el auténtico objetivo de la sátira de su autor, Alfonso de Valdés. Al caracterizar al género de la picaresca, ese rasgo que parece inherente a él, el ir el pícaro de amo en amo, se convierte en un escollo porque ni la misma vida de Guzmán está marcada por él; no digamos la de Pablos, que tuvo un solo amo; ni tampoco la vida de los otros pícaros responden a tal marca de género. Vamos viendo cómo nada de lo que supuestamente caracteriza al género picaresco aparece en el relato fundacional, y lo que le define no es un rasgo esencial en el género. Nada hay en Lázaro de lo que entusiasmará al Carriazo cervantino de La ilustre fregona.
   La vida de Lazarillo de Tormes no fue concebida como un relato picaresco, sino como una aguda sátira erasmista. No eran las aventuras de Lázaro, "sus fortunas y adversidades", lo que interesaba a su autor, a Alfonso de Valdés; ésta era "la invención", como diría en el prólogo del Diálogo de Mercurio y Carón, refiriéndose a sus dos personajes, a Mercurio y Carón. En esta segunda obra suya, las "gracias y buena doctrina" las pone en boca de las ánimas que desfilan; en el Lazarillo están en el relato de Lázaro. Y es la doctrina lo que le interesa, la que subyace debajo de esos amos mezquinos, crueles, hipócritas, lujuriosos. No se saca enseñanza de la vida equivocada de Lázaro, porque no aparece como tal, sino de la de sus perversos o hipócritas amos. Tenía razón Erasmo en querer reformar la vida eclesiástica, y sabía muy bien el cortesano Alfonso de Valdés que también la vida de la corte estaba necesitada de ello. La novela picaresca nació de una lectura ligeramente desplazada de esa obra espléndida que es La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades. Era una aguda sátira erasmista y se convirtió en el punto de partida del realismo de la novela moderna. Lázaro nació como mirada crítica y resultó ser uno de los personajes más entrañables de nuestra literatura; fue hecho con estofa cómica, y su dolor lo hizo a veces personaje dramático. En su metamorfosis no hay error de lectura, sino genialidad de un espléndido escritor, el conquense Alfonso de Valdés.
 
 

  Rosa Navarro Durán, "Nuevas claves de lectura del Lazarillo de Tormes", Quimera, nº 238, enero de 2004,
pp. 40-47.

      [Breve fragmento del artículo]:

      El destinatario de la declaración es una dama porque Lázaro utiliza para referirse a ella ese pronombre femenino, "ella", cuando abandona el ambiguo "Vuestra Merced". "Vuestra Merced" -a quien Lázaro nunca se dirige con un vocativo- "está delante" porque a ella va destinada la declaración de Lázaro; es fórmula semejante al "está presente" de los documentos. En Las CCC del famosíssimo poeta Juan de Mena con glosa de Hernán Núñez, impresas en Sevilla en 1499, de cuyo prólogo tomó el autor del Lazarillo para el suyo la idea de la fama que mueve a escribir, junto a la cita de Cicerón "La honra cría las artes", como señaló A. Rumeau, hay una expresión de disculpa equivalente a la citada, que el escritor dirige a los lectores al decir una palabra que considera vulgar: "los quales el vulgo suele llamar alcahuetes (hablando con mucho honor de los letores)", f. LXVI v. Y no sólo es semejante por su función, sino por su destinatario porque en ambos casos está fuera del texto: son los lectores en las glosas; y en la declaración de Lázaro, Vuestra Merced, a quien va dirigida. [...]
       Alfonso de Valdés tomó para el nacimiento de Lázaro elementos de tres biografías contadas por Hernán Núñez [...]. La presencia de la expresión "la madre preñada de él" y el alumbramiento súbito se repiten, y de forma más cercana aún al Lazarillo, en la vida de Homero:
       "[...] Y como estouiesse preñada, llegando el tiempo del parto, espaciándose por la ribera del sobredicho río Meletes, le vinieron dolores del parto y parió a Homero [...] Mandaron pregonar que qualquier que quisiesse seguir el partido de los lydos saliesse de la cibdad; entonces Homero, que era ya mancebo de edad, junto con otros mancebos, dixo que él lo quería seguir y de [ ] le llamaron Homero, como antes se dixesse Melesigenes. [...] ¡O, Homero, dichoso y desdichado, nacido para entramas su[e]rtes!" (f. XCII).
       [...] Lázaro, como Homero, toma nombre del río a cuya orilla le coge el parto a su madre. Este motivo del alumbramiento repentino todavía reaparece en la vida de Virgilio, aunque ya no asociado al río. Curiosamente se le unen otros detalles que, aunque con una función totalmente distinta, están también en el Lazarillo [...]. Alfonso de Valdés leyó muy bien las glosas de Hernán Núñez: son a la vez fuente de pasajes esenciales del Lazarillo y otro de los muchos enlaces que traban sus obras y que ofrecen su retrato como inteligentísimo lector, como abeja renacentista que supo libar del néctar de sus lecturas y crear una obra espléndida.
 

     Rosa Navarro Durán, "Figuras en un libro", en El Noticiero de las Ideas, nº 20 (octubre-diciembre de 2004), pp. 71-79.

      [Breve fragmento del artículo]:

      Otro libro nos da la clave para ver que estamos dando un sentido erróneo al vocablo: Bocados de oro. [...] En el capítulo XI, entre “los dichos y castigamientos de Sócrates, el filósofo”, leemos: “El ánima es girigonza que no ha prescio; e el que no la conosce sírvese della en lo que le no conviene; e el que la conosce no se sirve della sino en lo que le conviene”, f. XVI. Evidentemente no encaja con el texto el significado de jerga de ciegos o “el dialecto de gitanos, ladrones y rufianes para no ser entendidos”, como dice el Diccionario de Autoridades, ni el de galimatías ininteligible  o “todo aquello que está oscuro y dificultoso de percebir o entender”, acudiendo a la misma fuente. Es otro diccionario el que nos llevará a la lectura correcta, el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Joan Corominas y José Antonio Pascual; en él se nos señala la coincidencia de la palabra que significa “lenguaje incomprensible” o “lenguaje de malhechores” con el nombre de una piedra preciosa, jacinto o jargonça, que ya aparece en el Lapidario de Alfonso el Sabio, en 1250. [...] Volvamos ahora a lo que dice Lázaro: “y en muy pocos días me mostró jerigonza; y como me viese de buen ingenio, holgábase mucho y decía: –Yo oro ni plata no te lo puedo dar; mas avisos para vivir muchos te mostraré”. No dice que le “avezó” o “vezó” jerigonza, sino que le mostró, verbo que usa  también con la palabra equivalente: “avisos”. Lo que le muestra el ciego a Lázaro es un tesoro, una piedra preciosa, “jerigonza”, en sentido figurado: le da avisos, consejos para vivir; y la cita bíblica que dice el ciego se amolda perfectamente a ello: “No tengo oro ni plata; lo que tengo, eso te doy” (“Hechos de los apóstoles”, 3, 6). De tal manera que concluye y con ello cierra el pasaje: “Y fue ansí, que, después de Dios, este me dio la vida y, siendo ciego, me alumbró y adestró en la carrera de vivir”. El ciego, al modo del Salmo 32 (Vulgata 31), 8 (“Yo te enseñaré y te instruiré en el camino que debes seguir; / seré tu consejero y estarán mis ojos sobre ti”), a pesar de ser ciego, ilumina su camino existencial.  No le enseña la supuesta jerga de ciegos (no puede ser jerga de rufianes porque no lo es), sino que le muestra un auténtico tesoro: le da consejos para vivir, al ver que el niño es “de buen ingenio”. El pasaje tiene una palabra –una pieza– que se lee erróneamente, que desconcierta el conjunto perfectamente trabado. Otro libro da luz y permite ver el error; el brillo de esa jerigonza, de esa piedra preciosa, devuelve el sentido a esas palabras de Lázaro.
     Pero no es el azar el que ha creado el puente entre las dos obras para que las dos jerigonzas se fundieran en una, sino la presencia de otras concordancias que las unen. Alfonso de Valdés, el autor del Lazarillo de Tormes, leyó los Bocados de oro, y la huella de su minuciosa lectura puede verse claramente en el texto de la declaración de Lázaro, pero también en su Diálogo de Mercurio y Carón, como indicaré.

  Rosa Navarro Durán, "Prólogo", en Fernando Serrano Mangas, El secreto de los Peñaranda. El universo judeoconverso de la biblioteca de Barcarrota. Siglos XVI y XVII, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Huelva, 2004, pp. 13-16.

       Rosa Navarro Durán, La literatura como espejo de la realidad, en Les lletres hispàniques als segles XVI, XVII i XVIII, Tomàs Martínez Romero (ed.), Publicacions de la Universitat  Jaume I, Fundació Germà Colón, 2005, pp. 129-151.

       Rosa Navarro Durán, "Un nuevo ámbito para La vida de Lazarillo de Tormes", en Estudis Romànics, Barcelona, Institut d´Estudis Catalans, vol. XXVIII (2006), pp. 179-197.


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